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Expedito Oliva, guardián de la historia de Mogán en imágenes

Gema Suárez Jueves, 09 de Junio de 2022

Durante sus primeros años en la profesión, sufrió el acoso de otros fotógrafos que querían controlar el sector.

Gracias a él, los moganeros cuentan con fotos de recuerdos familiares hechas con sus cámaras desde hace más de 50 años.

Este año 2022, después de dos años de parón por el Covid, tiene el honor de ser el pregonero de su pueblo natal, Mogán casco. Estos días ha palpado entre la gente la ilusión por volver a recuperar las fiestas en su total esplendor y espera estar a la altura de las circunstancias, para ofrecerles a los vecinos un buen rato como pregonero.

 

Expedito ha tenido una vida cuanto menos diferente, a la del resto de moganeros, debido a su profesión que en su momento fue única y exclusiva, ya que en aquel entonces se podían contar con una mano los fotógrafos de la isla incluso de toda Canarias. 

 

En el año 1965 este moganero afincado en Arguineguín, comenzó a hacer fotos a la gente que iba al cine y a los bares de la zona de esta localidad moganera. Durante los dos años siguientes, mientras estaba trabajando en en la construcción de los apartamentos Doñana “echando los cimientos” y casi al terminar la obra le decía al capataz “maestro Juan, a ver si me deja salir para hacer un cumpleaños” o lo que le iba saliendo. Al poco tiempo tomó la decisión de comunicarle a sus padres que iba a empezar a dedicarse profesionalmente a la fotografía.

 

Sin embargo, fue una decisión que le acarreó muchísimo esfuerzo, trabajo y quebraderos de cabeza porque en ese entonces había un monopolio en el sector que sólo controlaban dos o tres profesionales. Expedito recuerda cómo sus principios fueron muy complicados e intentó por todos los medios buscar la forma de trabajar de manera legal, pero el procedimiento para ser fotógrafo autorizado era muy difícil. Don Benigno Bravo de Laguna, que fue alcalde de Mogán, se interesó por su situación y le dijo que le acompañara a la Delegación de Hacienda de Las Palmas donde se dio de alta como autónomo.

 

“En el año 1973 ya habíamos 6 personas en la misma situación y vinieron de Madrid a examinarnos y ya ese año nos dieron el carnet profesional”. Sin embargo, continuó recibiendo muchas amenazas de la gente que en aquel entonces tenía el monopolio de las fotografías. Recuerda una anécdota, de una vez en la que iba a hacer un reportaje a 90 niños en Arguineguín por la zona del cine, y cuando estaba la misa a punto de comenzar llegaron tres fotógrafos, uno de ellos vino desde Tenerife, y le invitaron a que se marchara y lo amenazaron con llamar a la Guardia Civil. Expedito nunca quiso confrontaciones por lo que se marchó y los 90 niños se quedaron sin fotos de la comunión. Como esas, muchas han sido las veces que asegura le persiguieron y le amenazaron para que dejara el negocio, pero nunca se amedrentó y siguió hasta conseguir su propósito. 

 

Su primera cámara se la regaló un primo suyo que se llamaba Juan Oliva, “el Rubio”, que trabajaba en Arucas. Este hombre se fue a Venezuela dónde también trabajó de fotógrafo y además trabajó en la película Tirma. Juan Oliva le ayudó mucho, mandando los rollos a revelar y devolviéndole las fotografías. Recuerda también a Pedro Viera Deniz, fotógrafo profesional de Carrizal que le ayudó muchísimo. 

 

Expedito Oliva recuerda como se le iban los ojos cuando veía a los turistas que llegaban al sur de la isla con cámaras buenas. Pero no tardó mucho en dar respuesta a sus sueños y pronto se hizo con una nueva cámara. En 1972 compró la primera Nikon FM2 con Zoom, luego la Mamiya 6x4.5 y poco a poco fue adquiriendo equipos cada vez más profesionales, ya que ya tenía claro que la fotografía era su auténtica pasión. A partir de ahí “siempre iba con los cacharros colgados hasta altas horas de la noche”. Luego llegaba a su casa y estaba de madrugada revelando hasta las tantas. En la casa de sus padres tenía una pequeña habitación donde hacía las fotos de carnet y otras, con una cortinilla, y también montó un pequeño bazar, con rollos que mandaba a revelar a Tenerife a color. 

 

El pregonero asegura que hay cosas muy interesantes en el mundo de la fotografía y por ello, para ofrecer lo mejor se fue preparando a lo largo de los años, acudía a ferias, talleres y diferentes encuentros que se celebraban en España incluso en otros países de Europa. Su objetivo era ir a aprender lo último en fotografía evolucionar a pesar de lo poco preparado que estaba.

 

Hoy en día es muy fácil hacer montajes de manera digital pero en su época era muy difícil hacerlo de manera manual y le sacó mucho partido a sus aprendizajes en Barcelona con otros profesionales. Además era un trabajo mucho más lento, que requería de un montaje posterior muy costoso, “no sólo era el sacar la foto sino el montarla”.

 

Expedito siempre ha tenido un inmenso respeto a las ceremonias religiosas y ha evitado entorpecer o restar protagonismo a los actos eclesiásticos cuando iba a hacer reportajes de bodas, comuniones o bautizos. Recuerda que antes el flash de las cámaras era un auténtico escándalo comparado con los de hoy en día.

 

Tiene muchísimas anécdotas en su memoria. Recuerda que un día fue a Moya a una boda, y se le habían quedado casi todos los rollos en Arguineguín, pero gracias a una tienda que los vendía por la zona logró hacer el trabajo. Otra de las historias que recuerda es la vez que estaba preparándose para ir a LAldea a una boda y un familiar de la novia lo llamó para que no fuera porque el novio no aparecía y por lo visto no iba a parecer. Sin embargo él no podía creerlo, hasta que lo confirmó con varios familiares más. Una vez fue hasta San Mateo a hacer el reportaje de una boda un sábado, “pasaba una hora y no llegaban los novios hasta que me decidí a ir a preguntar al cura a la iglesia, que medijo que la boda era el sábado siguiente”. 

 

Anécdotas tiene miles. Se ha quedado trabajos enteros de bodas y sin cobrar, porque después de la luna de miel los novios ya venían con la idea de separarse y no iban a buscar las fotos ni se las pagaban. Por eso desistió de poner su idea en marcha de felicitar cada cierto tiempo a sus clientes por aniversarios porque dice (entre risas) que hubo una época en la que casi habían casi más separaciones que bodas.

 

En sus primeros años como profesional, la luz la generaba el molino en Arguineguín, y sólo venía por la noche por lo que no podía cargar bien las baterías y lo que hacía era cargarlas en la casa de un conocido, “Fermín”, que vivía en Poblado SESA. 

 

En cuanto a las fiestas, asegura que iba a todas, al Pino en Teror, a El Tablero, por su puesto a las de Mogán, las procesiones, la Semana Santa en Mogán, una de las que más le encantaban. “Nací con eso y he vivido con eso, porque en Arguineguín aún no había iglesia, y acudía encantado”.

 

Asegura que tiene fotografías muy importantes, las únicas fotos que existen de la construcción de la iglesia de Arguineguín, le encargaron fotos de la construcción del muelle de Playa de Mogán, del muelle deportivo de Puerto Rico donde conoció a un ministro de Franco, junto al resto de fotógrafos y periodistas que cubrían la visita. Siempre se sintió como un profesional más, nunca tuvo complejo de inferioridad pero asegura que siempre ha tenido los pies en el suelo y no se ha creído por encima de nadie. 

 

Cuando puso su laboratorio en color detestaba los móviles por la mala calidad de las imágenes. Pero ahora dice que disfruta hacer fotos con su móvil “porque la calidad de ahora es increíble y no tengo que estar cargando con la cámara”. Reconoce por otro lado que al perder el revelado como se hacía antes, la gente no disfruta de la fotografía como antes.

 

Asegura que cuando le dijeron que fuera el encargado de hacer el pregón preparó un discurso para homenajear familia por familia, a los vecinos del pueblo de Mogán de su época, su objetivo era darle el protagonismo a ellos ya que se siente muy agradecido de sus raíces y del pueblo donde nació. Pero su hija le dijo que tenía que hablar de él, de su vida, de sus principios y de su historia con Mogán que era lo que la gente espera oír del pregonero, algo que dice que le cuesta, pues no le gusta ser el centro de atención ni darse más importancia de la que tiene. Asegura que le hace mucha ilusión y quiere transmitir que ha trabajado muchísimo con constancia y perseverancia que son las claves del triunfo y que siempre ha querido ayudar a los demás. 

 

La constancia y el sacrificio es la clave del éxito así como la responsabilidad y el tacto con las personas”. Siempre me ha gustado tratar a las personas lo mejor posible. Habré cometido muchos errores pero siempre ha intentado hacer lo mejor”. 

 

Expedito Oliva Segura

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