La isla concentra el 54% del total de la productividad regional en las actividades vinculadas al mar, muy por encima del resto de territorios
El segmento representa cerca del 11% del PIB de Gran Canaria, más de tres puntos por encima del promedio regional
Antonio Morales: “La apuesta es aprovechar recursos de forma sostenible e integrar economía, protección ambiental y bienestar social”
Gran Canaria lidera la implantación de la Economía Azul con una contribución del 54% del total de este segmento en la productividad del archipiélago, seguida por Tenerife y Lanzarote con porcentajes del 19 y el 13. Además, supone cerca del 11% del PIB grancanario, más de tres puntos por encima del promedio regional, lo que confirma una especialización muy superior a la media de la comunidad autónoma y el papel central de la isla en las actividades vinculadas al mar.
Así lo constata el ‘Informe de Economía Azul en Gran Canaria’ elaborado por la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria (SPEGC), documento que analiza la contribución de los sectores marino-marítimos a la economía insular a partir de la ‘insularización’ de los datos recogidos en el informe de Actividad de la Economía Azul en Canarias 2024 (CETECIMA) en el marco de la Estrategia Canaria de Economía Azul 2021-2030.
El estudio, presentado hoy por el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, junto a la consejera de Desarrollo Económico, Minerva Alonso, y el director gerente de la SPEGC, Cosme García, establece como referencia que la Economía Azul alcanzó en Canarias en 2022 los 3.521 millones de euros, cifra equivalente al 7,18% del PIB regional. De ellos, 1.901 millones se contabilizaron en Gran Canaria, que aportó el 3,87% de ese PIB. La industria representa el 2,8% del PIB Canario, y llega al 5,8 sumada la construcción.
“La isla se consolida así como el principal nodo de la Economía Azul en Canarias, con capacidad para liderar su desarrollo futuro en el ámbito atlántico”, afirmó Morales. “Se ha consolidado como un modelo de desarrollo que propone aprovechar los recursos marinos y costeros de forma sostenible, integrando crecimiento económico, protección ambiental y bienestar social”, manifestó también el presidente, que agregó que “se trata de entender el mar como un espacio de oportunidades económicas, sociales y científicas, pero también como un ecosistema frágil que debe ser protegido”.
El presidente insular enfatizó que “la economía azul ofrece, por tanto, a Gran Canaria una vía para diversificar su modelo productivo”, al tiempo que subrayó que “apostar por actividades vinculadas al conocimiento, la innovación y la sostenibilidad marina permite generar empleo cualificado, fortalecer la economía local y aumentar la resiliencia frente a crisis globales”.
Bajo su punto de vista, “impulsar la economía azul en Gran Canaria no es solo una estrategia económica, sino una apuesta por un modelo de desarrollo más equilibrado y coherente con su realidad insular. El mar, que define sus límites geográficos, se está convirtiendo también en el espacio donde la isla construye un futuro más sostenible, innovador y conectado con el mundo”.
Los datos del liderazgo
El informe revela que Gran Canaria posee un liderazgo especial en reparación naval, donde concentra el 90% de la producción regional; puertos y servicios portuarios, con el 71,7; y pesca, con casi el 70%. De hecho, la isla encabeza todos los subsectores de la Economía Azul, con la única excepción del turismo náutico y de ocio, donde el peso está más repartido.
Esta concentración se explica por la presencia del Puerto de Las Palmas como infraestructura crítica, sus servicios auxiliares, los tráficos estratégicos de mercancías y pasajeros, y la existencia de sectores tractores vinculados a la logística y la transformación alimentaria, especialmente la pesca congelada.
Otro ámbito esencial es la desalación y la gestión del ciclo integral del agua. Gran Canaria ha sido pionera en este sector, impulsando no solo la operación de plantas desaladoras, sino también la innovación tecnológica orientada a mejorar la eficiencia energética y reducir el impacto ambiental, conectando estrechamente economía azul, seguridad hídrica y el desarrollo sostenible.
El estudio recalca que las energías marinas y renovables vinculadas al mar representan un campo de gran potencial para la isla. Las condiciones oceánicas y climáticas de Gran Canaria favorecen el desarrollo de la energía eólica marina, la energía de las olas y otros sistemas experimentales, así como la investigación, ensayo y mantenimiento de estas tecnologías. Este sector contribuye a la transición energética y a la reducción de la dependencia de combustibles fósiles.
La acuicultura marina sostenible se ha consolidado como una actividad complementaria a la pesca, capaz de generar producción alimentaria de calidad, empleo local e innovación tecnológica, siempre que se gestione bajo criterios ambientales rigurosos.
Junto a ella, la pesca artesanal sigue desempeñando un papel relevante, no solo por su aportación económica, sino también por su valor social, cultural y patrimonial, manteniendo prácticas selectivas y un fuerte vínculo con las comunidades costeras.
El turismo costero y las actividades náutico-deportivas constituyen otro eje destacado de la economía azul en Gran Canaria. Asimismo, la investigación científica, la innovación y la biotecnología azul ocupan un lugar cada vez más relevante. La isla alberga centros de investigación y empresas dedicadas al estudio del océano, el clima y la biodiversidad marina, así como al desarrollo de productos y aplicaciones basadas en algas, microorganismos y recursos marinos, impulsando la transferencia de conocimiento y el empleo cualificado.
Entre ellos, el informe cita los centros de investigación vinculados a la ULPGC, la Plocan, el ITC, la Plataforma de Biotecnología Azul y Acuicultura (Bioasis) y la Incubadora de Alta Tecnología Marino Marítima (IAT), iniciativa de la SPEGC, las iniciativas centralizadas en el Puerto de Taliarte, el Clúster Marino Marítimo de Canarias, o el Salto de Chira, pues aunque no esté situada directamente en el mar permitirá almacenar energía renovable y garantizará la estabilidad del sistema eléctrico insular, factor decisivo para el desarrollo de las actividades vinculadas al océano, al tiempo que facilita que la desalación funcione con mayor peso de energías limpias, reduciendo costes y emisiones.







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