Cualquiera que haya crecido en nuestro municipio sabe perfectamente cuándo se acerca el carnaval. No hace falta mirar el calendario; se nota en el ambiente, en las conversaciones de la plaza, en las tiendas y en la ilusión de los vecinos preparando sus disfraces. El Carnaval Internacional de Maspalomas no es solo una fiesta, es el momento en el que nuestra tierra se abre al mundo para mostrar su mejor sonrisa y su corazón más alegre.
Este año, del 10 al 22 de marzo de 2026, las calles se van a llenar de magia bajo la temática de «El Circo», y te confieso que ver cómo va cogiendo forma todo me llena de una ilusión inmensa. Pero hoy, de vecino a vecino, quiero hablarte de lo que hay detrás de la purpurina, las plumas y la música, porque a veces se nos olvida lo vital que es esta celebración para el sustento de nuestra gente.
Más que una fiesta, un motor para nuestras familias
Cuando hablo de cuidar lo nuestro, hablo también de proteger lo que da de comer a nuestros barrios. Leyendo los últimos estudios sobre el impacto del Carnaval, te prometo que a uno se le hincha el pecho. Estamos hablando de que nuestra fiesta genera un impacto económico de alrededor de 50 millones de euros.
¿Y esto qué significa en la calle, en nuestro día a día? Los datos nos dicen que por cada euro que invertimos en organizar el Carnaval, se devuelven entre 45 y 50 euros a nuestra economía local. Esas no son cifras vacías: es el taxista que no para de hacer carreras en toda la noche, es el camarero del Yumbo que hace una caja excelente, son los restaurantes, los supermercados y las tiendas de nuestros barrios llenas a rebosar. Hablamos de atraer a más de 225.000 visitantes de fuera de la isla. Es riqueza que entra y se queda aquí, generando oportunidades reales y estabilidad para miles de familias trabajadoras.
El orgullo de ser los mejores anfitriones
Saber que para la Gran Cabalgata de este año contaremos con 110 carrozas, organizadas bajo normas claras para cuidar la seguridad de todos, es la prueba de que estamos haciendo las cosas bien. No queremos que la fiesta sea un descontrol; queremos que el Carnaval sea un espacio seguro donde nuestros jóvenes disfruten sanamente y donde nuestros mayores puedan salir a la calle a ver pasar la alegría con total tranquilidad.
El Carnaval es nuestro mayor escaparate. Cuando el que nos visita se enamora de nuestras calles, de nuestro clima y de la forma en que los tratamos, se asegura de volver. Y ese es el futuro que quiero que dejemos a nuestros hijos: un lugar vivo, próspero y del que sintamos el orgullo de vivir aquí.
Sé que a veces los cortes de tráfico, los desvíos o el bullicio pueden ser pesados para los vecinos que tienen que madrugar para ir a trabajar. Te entiendo perfectamente y por eso cada año se intenta mejorar esa convivencia. Pero al final del día, ver a nuestra gente salir adelante y a nuestros negocios respirar tranquilos nos recuerda que el esfuerzo vale la pena. San Bartolomé de Tirajana merece más, y demostrando al mundo que tenemos el mejor Carnaval, lo estamos consiguiendo.
Por Alejandro Marichal, un vecino orgulloso más.








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