En Gran Canaria, el automovilismo no es solo un deporte; es un sentimiento que se hereda de padres a hijos. Basta con subir a nuestras medianías cualquier fin de semana de rally para entender que el olor a neumático y el sonido de los motores forman parte de nuestro paisaje sonoro. El Rally Islas Canarias es, sin duda, la joya de la corona de esta pasión, un evento que sitúa a nuestra "Isla Redonda" en el mapa internacional del motor.
Como alcalde y, sobre todo, como canario que vive con orgullo nuestras tradiciones, entiendo que una prueba de este calibre es mucho más que coches circulando a toda velocidad. Es una oportunidad, pero también un reto que debemos abordar con rigor y, sobre todo, con mucha empatía.
Un escaparate al mundo
Desde el punto de vista de la gestión, el Rally es uno de nuestros mejores embajadores. A través de las pantallas, millones de personas descubren la espectacularidad de nuestra orografía, la sinuosidad de nuestras carreteras y la belleza de nuestros pueblos. Esta visibilidad se traduce en turismo, en dinamización de la economía local y en un prestigio organizativo que nos hace grandes. Cuando el mundo mira hacia Gran Canaria y ve una organización seria y una afición respetuosa, ganamos todos.
El equilibrio necesario: Convivencia y respeto
Sin embargo, no quiero pasar por alto la realidad de muchos de nuestros vecinos. Sé que el cierre de carreteras, los desvíos y el ruido pueden ser motivo de incomodidad. Es humano y lógico sentir ese "colapso" en la rutina diaria. Por eso, mi visión siempre ha sido la del consenso.
Organizar un rally requiere un esfuerzo de planificación quirúrgico. La clave está en la comunicación y en entender que ese sacrificio temporal de unos días tiene una recompensa colectiva inmensa. Sabemos que el esfuerzo es duro, pero la satisfacción al coronar la cima —en este caso, el éxito de la prueba— nos pertenece a todos. Trabajar para que el impacto en la vida diaria sea el mínimo posible es nuestra responsabilidad como instituciones.
Una afición única
Lo que realmente hace especial a nuestro Rally es su gente. Ver nuestras cunetas llenas de familias, compartiendo un enyesque mientras esperan el paso de los pilotos, es una muestra de nuestra hospitalidad. Esa pasión, vivida con responsabilidad y respeto al medio ambiente, es lo que nos diferencia. Somos una isla que sabe acoger y que sabe vibrar con los colores de su tierra, ya sea animando en el tramo o celebrando cada gol de nuestra UD Las Palmas.
Mirando al horizonte
El Rally Islas Canarias es un motor de progreso. Nos obliga a superarnos en cada edición, a mejorar nuestras infraestructuras y a trabajar unidos —ayuntamientos, Cabildo y Gobierno— por un objetivo común.
Disfrutemos siempre de esta fiesta del motor con cabeza y corazón. Hagamos que cada edición sea un ejemplo de civismo, demostrando que en Gran Canaria sabemos compaginar la adrenalina de la competición con el respeto a la convivencia vecinal. Porque al final, el éxito del Rally no se mide solo en el cronómetro, sino en el orgullo de un pueblo que se siente protagonista ante el mundo.
¡Nos vemos en la carretera, disfrutando con precaución!








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