La Concejalía de Deportes forma a seis monitores especializados para devolver a las piscinas municipales una actividad clave para la integración y el bienestar de menores con necesidades especiales
El Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana ha dado un paso importante en favor de la inclusión y el bienestar de los menores con diversidad funcional al recuperar las clases de natación adaptada en las piscinas municipales. La medida será posible gracias a la formación especializada de seis monitores, impulsada por la Concejalía de Deportes a través del Club de Natación Imarval.
![[Img #22798]](https://elsurdigitalgc.es/upload/images/06_2026/5524_monitores-de-natacion-especializada-8.png)
El alcalde del municipio, Marco Aurelio Pérez Sánchez, hizo entrega este lunes de los diplomas acreditativos a los seis profesionales —cuatro mujeres y dos hombres— que han completado el curso de natación adaptada impartido por la entrenadora Carmen Delia Maroto Trujillo. Estos monitores asumirán a partir de ahora la capacitación acuática de niños y niñas con autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral y otras necesidades especiales.
La recuperación de este servicio responde a una demanda histórica de cerca de una treintena de familias del municipio que, tras la pandemia, vieron cómo se suspendían estas clases debido a la reorganización del servicio municipal de piscinas y la conversión de los antiguos monitores en socorristas.
Para el alcalde, la vuelta de esta actividad supone recuperar una herramienta fundamental para el desarrollo integral de estos menores. “La eliminación del servicio afectó a su bienestar físico y también a su desarrollo emocional y social. La natación tiene un impacto muy positivo en la vida de estos niños y niñas porque reduce la ansiedad, mejora su estado de ánimo y favorece su autonomía personal. Con los monitores que acaban de especializarse podrán retomar sus clases como un espacio de felicidad y crecimiento en un entorno interactivo e inclusivo”, afirmó Marco Aurelio Pérez.
Las familias beneficiarias destacan que la piscina representa mucho más que una actividad deportiva. “Es un refugio donde experimentan la alegría de la independencia y la integración”, señalan. En el caso de los menores con trastorno del espectro autista, el agua proporciona un entorno de libertad y seguridad; para quienes tienen parálisis cerebral, facilita movimientos que resultan muy difíciles de realizar fuera del medio acuático; mientras que los niños y niñas con síndrome de Down fortalecen su tono muscular y mejoran sus capacidades motrices gracias al ejercicio en el agua.
La recuperación de estas clases también supone un respaldo al trabajo desarrollado por las familias, que impulsaron en Maspalomas una sección de la Asociación Canaria de Menores con Necesidades Especiales (SUMAS) para reivindicar la continuidad de este proyecto, considerado esencial para el bienestar, el desarrollo personal y la integración social de sus hijos.
Con esta iniciativa, el Ayuntamiento reafirma su compromiso con la igualdad de oportunidades y la inclusión, garantizando que los menores con diversidad funcional vuelvan a disponer de una actividad terapéutica y educativa que contribuye de manera decisiva a su calidad de vida.













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