“Hubo una expresión de ‘grancanariedad’, porque la isla ha mostrado al mundo sus valores y unidad”, destaca el presidente del Cabildo
Antonio Morales le recordó al Papa la figura del sacerdote grancanario Antonio Vicente González, en proceso de beatificación
El Cabildo subraya también el ejemplo de colaboración institucional y civismo que ha ofrecido Gran Canaria en la escala del Pontífice
El Papa León XIV le transmitió esta mañana al presidente del Cabildo, Antonio Morales, antes de abandonar Gran Canaria su satisfacción y agradecimiento por la acogida y la experiencia vivida en la isla, escala esencial y especialmente simbólica de su visita a España y que incluyó paradas en el puerto de Arguineguín, la Catedral y Plaza de Santa Ana y el Estadio de Gran Canaria, donde tuvo lugar la misa multitudinaria.
“Ha sido un hecho histórico y se han cumplido todas las expectativas”, agregó el presidente del Cabildo de Gran Canaria. “Además, se ha experimentado un momento de cohesión social y de expresión de la grancanariedad, porque creo que la isla en su conjunto veía esta ocasión como una oportunidad para mostrar al mundo nuestros valores y unidad como lugar de encuentro, integración, paz y entendimiento”, señaló Antonio Morales.
“Hemos recordado con él el drama de Arguineguín y hemos escuchado y compartido su denuncia sobre el trato inhumano a los inmigrantes y la demanda del respeto a la vida y la dignidad humanas”, manifestó también el presidente del Cabildo, que el día anterior, tras la misa en el Estado de Gran Canaria, tuvo ocasión de explicar brevemente al pontífice el papel que desempeña la Institución Insular como Gobierno de la isla.
Igualmente, Antonio Morales destacó que la colaboración y el civismo ciudadanos y la cooperación institucional han permitido que todo el dispositivo funcionara a la perfección y que la movilidad transcurriera con normalidad, en el marco de un acontecimiento de esta magnitud. Esto, enfatizó, demostró una vez más la capacidad de la isla para afrontar grandes eventos con absolutas garantías.
El dispositivo de movilidad coordinado por la Autoridad Única del Transporte de Gran Canaria contribuyó de manera notable a que todo saliera según lo previsto y sin complicaciones significativas en el tráfico y los desplazamientos colectivos públicos y privados que primaron por encima del uso del coche particular para llegar hasta las distintas escalas de la visita del Papa a Gran Canaria.
Tanto las lanzaderas como los servicios especiales de Global y los aparcamientos disuasorios funcionaron como un reloj dentro del mecanismo establecido, lo que permitió que decenas de miles de personas siguieran de cerca los actos del Papa y que la zona de Siete Palmas, donde se concentraron cerca de 30.000 personas entre el Estadio de Gran Canaria, el Gran Canaria Arena y el Anexo, quedara totalmente despejada apenas una hora y media después de la finalización de la misa.
El presidente del Cabildo, en nombre de la sociedad grancanaria, le hizo entrega al Papa de dos obsequios que representan la tradición, el simbolismo religioso y la realidad de la isla en la encrucijada migratoria. Se trató de una cruz única elaborada con la técnica del cuchillo canario y de una brújula que llegó a bordo de un cayuco que alcanzó la costa grancanaria, concretamente el muelle de Arguineguín.
“La cruz simboliza nuestros valores y nuestra identidad ligada a la artesanía. Y, por otra parte, la entrega de la brújula de un cayuco, de las que utilizan las personas que desesperadamente cruzan el mar en esta ruta atlántica tan peligrosa para buscar un nuevo horizonte, expresa la necesidad de contar con un marco moral que nos oriente en la búsqueda de la solidaridad y el respeto a la dignidad humana”, manifestó Antonio Morales.
El presidente del Cabildo de Gran Canaria tuvo tiempo de recordar brevemente a León XIX la figura histórica del sacerdote canario Antonio Vicente González, natural de Agüimes en proceso de beatificación y persona que representa la entrega al prójimo. Nacido en 1817, falleció en 1851 tras involucrarse en cuerpo y alma y enfermar en su abnegada ayuda a la población más desfavorecida durante la calamidad de peste, cólera y hambre que padeció la isla a partir de 1847.









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