“En un archipiélago que alberga alrededor de 630 plantas endémicas y que constituye uno de los principales puntos calientes de biodiversidad de Europa, preservar ese patrimonio es una responsabilidad científica y social de primer orden. Frente a amenazas como el cambio climático, la fragmentación de hábitats, los incendios o las especies invasoras, los bancos de ADN se convierten en auténticos guardianes del código de la vida, capaces de custodiar una parte irremplazable de nuestro legado natural”, resaltó Ruth Jaén-Molina, bióloga-investigadora y coordinadora del Departamento de Biodiversidad Molecular y Banco de ADN del Jardín Botánico Viera y Clavijo de Las Palmas de Gran Canaria, en el curso sobre ‘Flora Canaria’, organizado por la Universidad de Verano de Maspalomas.
En su ponencia, ‘Guardianes del código de la vida: el banco de ADN de la flora -canaria en tiempos de pérdida masiva de biodiversidad’, Ruth Jaén-Molina destacó que el objetivo de preservar este patrimonio, “adquiere una urgencia especial, en un contexto global marcado por la sexta gran extinción masiva, donde el territorio insular mundial, que concentra cerca del 20 % de la biodiversidad, ha sufrido aproximadamente la mitad de las extinciones conocidas.
La bióloga explicó que el Banco de ADN de la Flora Canaria nació con el propósito de conservar la información genética de las especies, para comprender su historia evolutiva, caracterizar la diversidad genética de sus poblaciones y catalizar la investigación molecular sobre la flora macaronésica.
Desde su creación en 2004, el Banco de ADN de la Flora Canaria ha reunido una de las colecciones de referencia más importantes de la región macaronésica, representando a cerca del 85% de la flora endémica de Canarias. En sus aproximadamente 28.000 muestras de tejidos vegetales, miles de extractos de ADN y secuencias genéticas constituyen una gran biblioteca biológica que permite reconstruir los orígenes de la flora canaria, descubrir especies crípticas, comprender los procesos evolutivos que generaron su singularidad y evaluar la diversidad genética de las poblaciones naturales. “Esta información resulta esencial porque cada extinción no implica únicamente la pérdida de una especie, sino también la desaparición de millones de años de historia evolutiva, de adaptación, y de las redes ecológicas que sostienen los ecosistemas”, explicó la investigadora.
Pero, el verdadero valor de un banco de ADN, según la bióloga, no reside en almacenar muestras, sino en transformar la información de la molécula de la vida en conocimiento útil para la conservación.” Así, gracias a las muestras residentes en nuestro banco y a proyectos como NEXTGENDEM, cruzamos datos genéticos con variables ecológicas y climáticas mediante supercomputación para guiar a los gestores en la toma de decisiones”. Además, añadió que las muestras custodiadas en el banco de ADN han sido clave para identificar áreas prioritarias de protección como los santuarios evolutivos identificados en Tamadaba y Andén Verde; y para descubrir especies nuevas para la Ciencia de géneros como Ruta, Lotus o Solanum. “Por tanto, en tiempos de pérdida acelerada de biodiversidad, estas colecciones representan una inversión en el futuro y una apuesta para afrontar los desafíos ambientales del siglo XXI, ofreciendo soluciones para conservar especies y ecosistemas tan frágiles como los del archipiélago canario”.
Polinización por aves en Canarias
Para Javier Fuertes Aguilar, científico del Real Jardín Botánico de Madrid-CSIC, “en Canarias habita un número de especies endémicas que, al contrario que la mayoría de sus congéneres polinizadas por insectos, lo son también por algunas especies de aves y otros vertebrados. Para que se mantenga el éxito de esta relación mutualista, la evolución ha seleccionado en estas especies de plantas rasgos florales con varios tipos de adaptaciones. Los estudios basados en la secuenciación de su genoma, han ayudado a identificar y entender los cambios genéticos que subyacen en el éxito de este sistema de polinización”.
En su intervención sobre “Polinización por aves en Canarias: qué nos dicen los genes y su influencia en la distribución de especies en las islas”, Javier Fuertes comparó varias especies de malváceas con distintos tipos polinizadores, y mostró ejemplos de las adaptaciones morfológicas y fisiológicas en las flores que conllevan cambios de polinizadores, cómo cambian los genes que están implicados y cómo influyen en los procesos de especiación y diversificación en los archipiélagos macaronésicos.
El último ponente, Miguel Ángel González-Pérez, biólogo-investigador y coordinador del Banco de Semillas del Jardín Botánico Viera y Clavijo, intervino con la conferencia ‘Rescatando genes del pasado para asegurar el futuro de especies amenazadas’.
El biólogo destacó que las islas “funcionan como verdaderos laboratorios naturales para el estudio de los procesos ecológicos y evolutivos. Sin embargo, la condición insular conlleva una serie de vulnerabilidades intrínsecas para sus especies. El archipiélago canario es un claro ejemplo de ello: representa uno de los grandes puntos calientes (hotspots) de biodiversidad del planeta, albergando un alto número de endemismos, pero también un preocupante porcentaje de especies bajo amenaza de extinción”.
En este escenario, expuso, “los bancos de germoplasma desempeñan un papel esencial en la conservación. El rescate genético, a partir de material depositado en estos bancos de semillas, surge como una herramienta clave para contrarrestar los efectos de la endogamia y la deriva genética en poblaciones reducidas, factores críticos que empujan a las especies amenazadas hacia la extinción”.
La Universidad de Verano de Maspalomas está organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y el Cabildo de Gran Canaria.









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