Lunes, 13 de Julio de 2026

Actualizada Lunes, 13 de Julio de 2026 a las 12:20:23 horas

'Patrimonio, memoria y orgullo'

Por Antonio Morales Méndez Presidente del Cabildo de Gran Canaria

Redacción2 Lunes, 13 de Julio de 2026

Junto al nuevo parque infantil donde juegan los hombres y mujeres del futuro, a escasa distancia también de la playa de El Agujero y tras dejar atrás las plataneras, inauguramos el pasado 18 de mayo el Centro de Interpretación de La Guancha, que ha contado con una inversión de 2,8 millones de euros del Cabildo de Gran Canaria para hacer posible este proyecto ejecutado por el Ayuntamiento de Gáldar.

 

¿Qué puertas y ventanas abrimos en realidad al inaugurar un recinto de estas características? Personalmente, sentía que estábamos allí por tres motivos. El primero, escuchar la voz del pasado que resuena en las piedras que usó la antigua sociedad insular para levantar túmulos para la eternidad y espacios para lo que fue su presente.  El segundo, seguir una huella. Y, en tercer lugar, reflexionar sobre el lugar al que queremos ir y de qué manera queremos hacerlo. Nos interesa la meta, pero también el camino. 

 

Se erige sobre una tierra definida por las raíces y la sonora presencia de un océano que es a la vez límite, inmensidad, portal y horizonte. Quién sabe, quizás haya que agradecerle al mar, al que nadie puede callar, que se empezara a rasgar el velo de silencio que durante siglos se impuso sobre el legado aborigen, imponiendo a la vez una mordaza sobre la identidad insular y el legítimo derecho de un pueblo a conocer su pasado. 

 

El conjunto arqueológico al que pertenecen los yacimientos de La Guancha, El Agujero y Bocabarranco tuvo un papel esencial en el rescate del legado prehispánico. Así ha sido por su sobresaliente importancia arqueológica, además de como símbolo de la lucha histórica por la defensa del patrimonio isleño.

 

Todo empezó en 1934 por una casualidad, cuando la sorriba del terreno para hacer un depósito destapó el primer túmulo. Otro hecho imprevisto hizo que un mecánico  aficionado a la fotografía, Francisco Suárez, nos dejara fotos de gran valor, incluida una fotografía en la que vemos a varias personas con un cartel en el que se leía lo siguiente: “No toque usted una piedra: respete el pasado y demuestre que es culto”. La frase refleja un anhelo capturado en el tiempo. La fotografía es antigua. Su mensaje, en cambio, sigue vigente.

 

Poco después de aquella instantánea, La Guancha se convirtió en 1949 en el primer yacimiento del archipiélago en ser declarado Monumento Nacional. Fue el único hasta 1972. Por lo tanto, sostuvo en solitario el estandarte de la herencia indígena durante otro cuarto de siglo de indiferencia. Estas rocas son marcas en el tiempo. Y como el Atlántico que las arrulla, jamás callaron.

 

El 15 de julio de 1976 fue escenario de una manifestación para reivindicar el patrimonio canario. Miles de personas reclamaron la protección de la necrópolis prehispánica y denunciaron el abandono institucional de los yacimientos indígenas.

 

Dos meses más tarde, el 5 de septiembre de 1976, el Manifiesto de El Hierro, leído en la Cruz de los Reyes, reunió a artistas e intelectuales que reivindicaron la identidad cultural propia de Canarias, sus raíces guanches y su pertenencia geográfica y humana al ámbito africano y americano. Defendían una cultura autónoma frente al centralismo, la democratización de la vida cultural, la libertad de creación y el protagonismo popular, vinculando explícitamente la cultura a las luchas sociales del pueblo. 

 

Ambas movilizaciones articularon un mismo hilo: identidad canaria, memoria histórica y compromiso con las luchas sociales y culturales del archipiélago. En ese año, El Hierro y La Guancha fueron escenarios de dos hitos ligados a la reafirmación canaria y,  para recordarlo y rendirles conocimiento, los días 15,16 y 18 de este mes, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Gáldar organizan unas jornadas conmemorativas en el Centro de Interpretación de La Guancha.

 

En la actualidad, el gobierno de la isla y otros estamentos que muestran preocupación por el patrimonio siguen la senda de aquellas personas. Ellas fueron la luz que empezó a disipar la oscuridad alrededor de nuestra historia. La inversión acumulada de más de 3 millones de euros del Cabildo para revelar los secretos de esta zona arqueológica y financiar además el Centro de Interpretación, muestra la implicación del gobierno insular con el patrimonio histórico y con la identidad local.

 

Varios hitos en la última década así lo confirman. La creación del Instituto para la Gestión Integrada del Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria se ha confirmado como una herramienta clave para su preservación. Su existencia se ha traducido en múltiples avances, como la puesta en marcha de los Senderos de Gran Recorrido o las líneas de apoyo directo a proyectos de los ayuntamientos y de las entidades sin ánimo de lucro enraizadas en el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria.

 

También en la reciente ampliación de la red de centros de interpretación con la apertura del nuevo espacio en Degollada de Becerra, que se suma al de Artenara, el Bentayga o Los Caserones de La Aldea, así como la apertura del Centro de Información y Gestión de Tejeda. Son espacios que propician la dinamización social, cultural y económica, como ocurrirá en La Guancha. 

 

Hemos buscado también la complicidad del conocimiento científico. Actualmente se ejecuta la segunda fase del convenio con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para estudiar el origen y evolución del poblamiento humano en la cumbre, proyecto que en su primera etapa abrió nuevas líneas de investigación apoyadas en técnicas de última generación y que ha revelado, por ejemplo, la complejidad del asentamiento de la Sierra del Bentayga, confirmando por primera vez en Canarias el uso de piedras volcánicas para cosechar. También el Laboratorio de Arqueología de la ULPGC, el más importante del archipiélago, cuenta con una dotación técnica financiada por el Cabildo.

 

La indudable visión del Cabildo, que entiende el patrimonio como argamasa de la construcción social, ha alentado la articulación y desarrollo de una estrategia que destaca su valor y que abarca conservación, investigación y acciones de sensibilización. En la última década, desde el área de Patrimonio Histórico, se han impulsado nuevas excavaciones, restaurado estructuras, reforzado la labor de inspección y mejorado los sistemas de documentación.

 

Prueba de ello es también la activación del programa de Protección del Patrimonio Cultural, que agilizará las declaraciones y delimitaciones de los Bienes de Interés Cultural, además de sentar las bases del Centro de Documentación del Patrimonio Cultural y planificar el cuidado del patrimonio religioso, trascendental junto a los 1.400 yacimientos arqueológicos distribuidos por el mapa insular. Otro convenio, en este caso con la Universidad de La Laguna, nos permite contar con instrumental de última generación y personal para interpretar los datos que recogen los sensores en espacios arqueológicos sensibles.

 

También desde 2021, con una importante aportación económica del Cabildo, el Museo Canario actúa como Museo Insular Concertado de Arqueología. Esta institución ha recibido igualmente más de cuatro millones de euros del Cabildo para ampliar la sede del museo.

 

Lo hacemos por muchos motivos, pero uno de ellos es alzarnos contra la incomprensión y el desconocimiento que tantas veces han provocado el aislamiento y la lejanía. Demasiadas veces ha resultado más fácil etiquetarnos e imaginarnos al antojo que asumir y comprender nuestra realidad. Hemos sido el territorio de lo mítico, pero las islas son sobre todo el territorio donde se desenvuelve una realidad social que ha sido capaz de alumbrar una cultura única y que sigue luchando por un futuro digno y en igualdad de condiciones. Es lo que hicieron precisamente las canarias y canarios que vivieron en este enclave de Gáldar. Y por eso nos esforzamos en entender el testimonio que nos dejaron.

 

La Guancha nos apela en todas las dimensiones de aquello que somos. Al universo a través de la luz del amanecer en el solsticio de invierno y el diálogo con las estrellas. A la humanidad porque los túmulos forman parte del cofre insular del patrimonio material, pero también del inmaterial. Es aquel que no se puede tocar y alcanza sin embargo los lugares más profundos de nuestros sentimientos con la nobleza y durabilidad del material con el que está fabricado: la emoción humana ante el trance del adiós. Porque bien sabemos que, con esta materia prima, con la existencia y su final, se han edificado todas las épocas y todos los siglos.

 

Y nos habla a cada uno de nosotros y nosotras porque nos pone en el lugar de hombres y mujeres que hace un milenio se estremecían también de esperanza y temor. En todas las eras es preciso ganar la supervivencia y la dignidad humana. Los avances en el conocimiento de la sociedad prehispánica nos impulsan a reflexionar sobre el uso de los recursos, la capacidad de adaptación al medio y la propia sostenibilidad insular. 

 

Como ocurrió hace mil años, volvemos a afrontar el reto de consolidar un modelo social, económico y medioambiental ante los desafíos de este tiempo de incertidumbre. Somos una nave en un océano envuelto en la tempestad. Ahora más que nunca, nuestra identidad y la sabiduría acumulada son las mejores brújulas con las que podemos contar, siempre de la mano de la ciencia y la innovación. Agradezco la implicación de quienes lo han defendido en las últimas décadas. Y termino haciéndome eco de la memoria, pidiéndole a nuestra población que no permita que nadie toque ni una sola piedra de nuestro pasado aborigen, porque ahí se encuentran los cimientos de nuestra singular y orgullosa identidad atlántica.

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