Lunes, 28 de Septiembre de 2026

Actualizada Lunes, 28 de Septiembre de 2026 a las 17:23:37 horas

'Gran Canaria repiensa su turismo en pleno vuelo'

Redacción2 Lunes, 28 de Septiembre de 2026

La inercia y la complacencia son malas compañeras de viaje. Suelen conducir a la repetición de los mismos errores, esquivan la autocrítica y nieblan la mirada, impidiendo ver el horizonte, los riesgos y, sobre todo, las oportunidades. De esa dinámica trata de huir Gran Canaria, y lo hace en el marco de la estrategia insular impulsada por el Cabildo, que sitúa en el centro del debate los conceptos de sostenibilidad y responsabilidad social.

 

Si hablamos de turismo, este enfoque no distorsiona en ningún caso la importancia que la institución otorga a la industria turística, motor histórico de la economía insular. Tampoco se pierde de vista su aportación esencial en el giro social y económico que vivió la isla en las últimas décadas. No se olvida que el turismo fue la mano que dio el golpe de timón que sacó a las islas de un tiempo marcado por el olvido y la desigualdad. Sin embargo,  defiende que Gran Canaria debe repensar el turismo en pleno vuelo, reforzando su indudable capacidad para seguir siendo una herramienta fundamental de adaptación ante un escenario mundial cada vez más exigente y cambiante.

 

El objetivo declarado es que esos cambios se traduzcan en una convivencia más provechosa entre las partes implicadas: la propia industria, la sociedad insular y la conservación del territorio y de la singular identidad de Gran Canaria. Si se logra remar en la misma dirección, la travesía será más fructífera para quienes van a bordo. En ese sentido, la creación de espacios de reflexión e intercambio de ideas resulta clave en el proceso abierto para el cambio de modelo. Ese es, precisamente, el papel que desempeña Overbooking, el encuentro sobre turismo que organiza cada año Turismo Gran Canaria.

 

Escuchar distintos puntos de vista se vuelve imprescindible para acertar en el rumbo, porque el margen de error es cada vez menos admisible en un mundo convulso. Además, las consecuencias de los cambios globales se acentúan en los territorios insulares, lo que obliga a respuestas bien meditadas y ajustadas a la realidad propia. El Overbooking se ha consolidado, edición tras edición, como uno de esos ámbitos para pensar el turismo desde el conocimiento técnico, pero también desde la empatía hacia lo que necesitan los destinos y las personas, incluida su población, sin dejar de ponerse en la piel de quienes vienen a conocer la isla.

 

En ese diálogo reside la llave de la puerta que se intenta abrir. Resulta primordial crear nuevos vínculos entre el turismo, el destino y la comunidad que desarrolla su vida en el territorio, en este caso Gran Canaria. Lo que vale para cualquier relación humana vale también para la industria turística. Por eso cobra sentido que la edición de este año del Overbooking, celebrada el pasado jueves 17 de septiembre, haya puesto el acento en la evolución de la comunicación turística.

 

De ahí que se parta de una premisa clara: ya no basta con promocionar un destino. Es necesario orientar la demanda, hacer más precisa la relación con los públicos y favorecer una convivencia más consciente y respetuosa entre la actividad turística, la vida local y sus valores naturales, históricos y sociales. Si se actúa así, Gran Canaria solo puede salir ganando, porque su manera de ser, su idiosincrasia y su naturaleza constituyen un reclamo permanente, además de una invitación a vivir el turismo de otra manera, alejada de la mera contabilidad de visitantes. Resulta significativo que en este foro se hayan abordado cuestiones que forman parte de las líneas maestras del Cabildo de Gran Canaria en materia turística: un relato en el que cobran protagonismo la integración en el territorio, el respeto a la identidad del destino y la contribución al bienestar compartido.

 

Cada vez son más las voces que hablan un lenguaje colectivo, uno que sostiene que un destino es, en efecto, un lugar. Es un clima. Es el paisaje, la playa o la montaña. Es también un conjunto de servicios e infraestructuras. Es todo eso, sí, pero un destino es, sobre todo, su gente y el respeto que muestra por sí mismo. Así es como un lugar se convierte en un buen recuerdo, en un sitio al que se desea volver, pero también en un espacio de oportunidades para su población, para el tejido productivo y en el que se puede vivir dignamente.

 

En román paladino: el turismo sostenible es aquel que satisface las necesidades de quienes visitan un territorio sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para atender las suyas propias. No se limita a reducir el impacto ambiental de la actividad turística, sino que busca un equilibrio entre protección del medio ambiente, prosperidad económica y bienestar social.

 

Desde el punto de vista medioambiental, en tiempos de calentamiento global y cambio climático, ese equilibrio implica utilizar los recursos naturales de forma responsable, reducir emisiones y residuos, proteger la biodiversidad, preservar paisajes y ecosistemas  y adaptar la actividad turística a los límites de capacidad del territorio. En su dimensión económica, el turismo sostenible debe generar riqueza y empleo estable y de calidad, favorecer a las empresas y productores locales  y procurar que una parte significativa del valor generado permanezca en el propio destino. La sostenibilidad exige, además, que la actividad sea económicamente viable a largo plazo y no dependa de la sobreexplotación del territorio. Y hay un dato que lo avala: con casi tres millones de turistas menos que Tenerife, las diferencias del PIB y las tasas de desempleo entre las dos islas son insignificantes.

 

En el ámbito social, implica que el turismo debe mejorar la calidad de vida de la población residente, respetar y contribuir a poten ciar la identidad, la cultura y el patrimonio local, garantizar condiciones laborales dignas y favorecer un acceso equilibrado a los beneficios de la actividad. En definitiva, el turismo sostenible no consiste simplemente en recibir más visitantes, sino en conseguir que el turismo deje más valor que impacto, y que el territorio, su economía y su población sean los principales beneficiarios de su desarrollo.

 

Conviene prestar mucha atención, porque nos encontramos ante un cambio de paradigma en la percepción de la ciudadanía que, de no gestionarse bien, puede derivar en situaciones que comprometan la convivencia. La búsqueda de la calidad turística ha trascendido lo más básico y evidente -la necesidad de ofrecer los mejores servicios posibles- para convertirse en un concepto global en el que cuenta cada gesto, cada detalle y cada encuentro. Porque un turista es mucho más que una cifra, igual que lo son los grancanarios y las grancanarias.

 

Overbooking vuelve así a situarse como un termómetro del sector y, al mismo tiempo, como un espacio de encuentro entre el conocimiento técnico y la sensibilidad social que exige el momento. Las conclusiones de esta nueva edición avalan que el diálogo y la búsqueda de metas comunes seguirán trazando la mejor hoja de ruta para Gran Canaria. Porque, en el fondo, el debate no gira solo en torno a cuántos turistas llegan, sino a qué tipo de isla se quiere seguir siendo mientras se les recibe. Un destino que entienda  que su mayor ventaja competitiva no está solo en el sol y la playa, sino en su gente y en el respeto que esa gente se profesa a sí misma.

 

El reto, ahora, es que ese discurso no se quede en las paredes del Overbooking, en mera desiderata,  sino que se traduzca en políticas concretas y en una gestión turística capaz de anticiparse a los problemas antes de que se conviertan en conflictos abiertos entre residentes y visitantes. Gran Canaria tiene a su favor años de experiencia turística acumulada y una industria consolidada. Le queda, quizás, el paso más difícil: demostrar que es capaz de repensarse a sí misma sin renunciar a lo que la hizo grande, y de hacerlo con la urgencia que el momento exige.

 

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