LA MOVIDA: LO QUE ESPAÑA LE DEBE A LA CULTURA - El Sur Digital Gran Canaria - Medio Digital del Sur de Gran Canaria    

El Sur Radio

Online

Canción actual

Title

Artist


LA MOVIDA: LO QUE ESPAÑA LE DEBE A LA CULTURA

Escrito por el 16 de octubre de 2020

Reconozco que yo me quedé en el 63 con Bowie y T-Rex, como dice
Alaska en la canción. Por edad, disfrute “la movida” en el mejor de mis
momentos, cuando me estaba haciendo un hombre. Que soy como soy,
tengo claro que influyeron mucho, esos aires de libertad. O como muchos
dicen, ese “libertinaje”. Y tuve suerte, porque me tocó vivirla lo
suficientemente joven para que no me devorara como a tantos que cayeron
en la droga y el descontrol.
Para los que me leen fuera de España, les pondré en antecedentes. Yo
nací durante la dictadura del General Franco. La recuerdo vagamente. A su
muerte, este país entró en una espiral de liberación que abarcó todos los
ámbitos posibles. La sociedad se volvió loca por hacer todo lo que antes no
se podía. La cultura no podía ser menos y se radicalizó en lo “políticamente
incorrecto”. Si esto no se puede hacer, pues vamos a hacerlo. Todo valía,
no había reglas. Los artistas de todas las disciplinas empezaban a
reinventarse y a salir a la calle sin complejos. Empezaron a “salir del
armario” muchas estrellas, y nadie lo veía mal. Es más, parecía que estaba
de moda. Si eras hetero, eras un aburrido. Se comieron y se bebieron todas
las drogas que había en el mercado. Eran tiempos de investigar y aquello
parecía bueno. Te da el subidón y te vuelves más creativo ¡que más se
puede pedir!
Parecía que el poder se le había devuelto al pueblo. No fue tan así.
Esos movimientos juveniles estuvieron perfectamente dirigidos y
financiados por estamentos públicos. Aquí entra, de plano, la figura del
alcalde de Madrid, Don Enrique Tierno Galván. Un visionario que supo
que, si había que cambiar un país, eso tenía que hacerlo la juventud que no
estuviera anclada en el pasado, ni llevara clavadas las heridas de la guerra
civil en la piel. Necesitaba una nueva idea de patria. Y ese nuevo concepto,
qué el conocía bien por haber sido sociólogo y escribir libros sobre la
juventud marginal, caló en la sociedad. Empezamos a construir la nueva
España que hoy somos. Una nación, abierta y tolerante que hemos
disfrutado durante toda la etapa democrática. Por esta razón se le dio por
llamar “la movida madrileña” pero que se desarrolló en todo el estado
español con amplia incidencia en Galicia (Tino Casal, Siniestro Total,
Golpes Bajos, Aerolíneas Federales), el país vasco y la costa mediterránea.
Muchos de estos grupos acabaron triunfando en México y en América
Latina: Hombres G, Mecano, La Unión, Radio Futura, Duncan Dhu, etc.
Que “Semen Up” llegara a liderar las listas de ventas de discos era
impensable. Lo comercial era ponerle a tu banda de rock un nombre no
comercial. Las reglas eran no tener reglas. Ya no se decía “me gusta”,
ahora “molaba”. ¿Alguno de los más “radikales” de mis lectores le pondría
a su grupo el nombre de “Tarzán y su puta madre buscan piso en
Alcobendas”? Pues existió y estuvieron tocando hasta el 2004. Si hasta un
grupo mítico como Siniestro Total, antes se llamaban. “Mari Cruz Soriano
y los que afinan su piano”. Podría estar horas hablando de “la movida”,
pero no solo fue en la música. Podríamos hablar de Pedro Almodóvar o
Fernando Colomo en cine, los fanzines de Fernando Márquez y los
programas de TV “Musical Express”, “Popgrama” y, sobre todo, “La bola
de cristal”.
Pude comprobar en Chile, que también pasaron por la dictadura del
general Pinochet, e intenté comparar para averiguar que ellos no han
superado la etapa. Nosotros sí, como sociedad. Hasta que los poderes
políticos empezaron a posicionarse en las redes sociales para “convencer”
de que “su” verdad es era la única, daba gusto. Ahora, la crispación de los
líderes se ha trasladado a una sociedad que acepta el insulto como debate
político válido. Y no, España no es así.
Pero nos llegó esta pandemia. Y, todo lo que habíamos construido,
empieza a resquebrajarse. Los radicalismos empiezan a desestabilizar
nuestro bienestar emocional. Estamos perdiendo esa tolerancia y respeto
por las ideas de los demás de la que siempre habíamos hecho gala. ¿Y la
cultura? Paralizada. Ya sé que hay muchos sectores, ahora, a los que hay
que ayudar a salir adelante. El riesgo de una fuerte crisis económica,
después de esta pandemia, está siempre presente. Que cada quién que lea
esto, seguro que tendrá su propia idea de qué sectores salvaría si fuera
presidente. No entro en debates porque no soy analista político. Lo que sí
sé es que, muchos compañeros que viven (y sus familias también, no lo
olviden) del trabajo artístico, están sin ingresos desde que empezó la
pandemia.
Yo mismo, al día que escribo esto, debería estar en México para
asistir a cinco ferias del libro a las que me había comprometido con la
Editorial Edhalca que me publica allá. Y, este año, volvería a firmar
ejemplares en la FIL de Guadalajara (justamente galardonada con el
Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades) como ya
hice el año pasado con mi primera novela. Pues no. Estoy en casa,
encerradito en un semi confinamiento voluntario, esperando a que esto
escampe.
Hace poco pude asistir a una proyección de una película del ciclo de
cine japonés que proyecta el colectivo Vértigo Cine en la Casa de Colón. A
mitad de la proyección, con la luz apagada empecé a contar el número de
personas que se habían quitado la mascarilla o se la habían bajado por
debajo de la nariz. Nadie, señores, nadie. Todos cumpliendo las normas
pese a la oscuridad. De verdad que, en los eventos culturales controlados,
no hay contagio.
Si este país es como es, y del que nos sentimos orgullosos, es porque,
la cultura, cuando hubo que liderar el cambio, tomó la bandera de la
libertad y se puso al frente. Valiente. Hubo muchas bajas. La droga y las
depresiones se llevaron a muchos, pero yo estoy orgulloso de haber vivido
aquellos días y de que “me hicieran” tal como soy. Y, ahora, se lo pagamos
con la indiferencia. Ya no necesitamos a la cultura, pues que se espere
sentada. ¿Nadie se dio cuenta que, aun así, quiso tomar la bandera de
nuevo? Cuantos artistas, yo mismo uno de ellos, durante en confinamiento
forzoso ofrecieron gratuitamente sus trabajos para que los ciudadanos
pudieran pasar el tiempo entretenidos y no caer en la desesperación. Me
descubro ante todo artista capaz de hacer reír, aun sabiendo que tiene el
corazón roto. Y así se lo estamos pagando. No me cabe en la cabeza.

Luis Alberto Serrano
luisalbertoserrano.wordpress.com
@luisalserrano

Etiquetado como:

Opiniones