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Viveros de vida y naturaleza, un esfuerzo diario por reverdecer el paisaje desde la raíz y el origen de los árboles

Escrito por el 24 de agosto de 2021

La Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria trabaja diario para preservar las especies vegetales de los distintos suelos biológicos de la isla

Casi siempre vemos solo la apariencia, lo que está delante de nosotros. Nos pasa en la vida diaria, cuando vamos por la calle; pero también cada vez que nos acercamos a la naturaleza. En nuestra isla, buena parte de esa naturaleza, la que tiene que ver con muchos de los árboles que vemos en nuestros campos, se escribe pacientemente en los Viveros del Cabildo de Gran Canaria. Desde cada uno de esos lugares situados en puntos estratégicos de la geografía insular se trabaja con la semilla, con la vida que no se ve debajo de la tierra, y se busca constantemente las mejores condiciones para que el milagro reverdezca.

Los Viveros Forestales dependen de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria y están situados en El Pinar de Tirajana, con el pino canario de Sur la sabina; en Tafira, con muchas de las variedades del bosque termófilo y flora de costa; en la Finca de Osorio, en donde juega un papel esencial la laurisilva, y en el Vivero del Huerto de los Romeros de Tamadaba, en Artenara, con el pino canario de Nortey los frutales forestales. Cada uno de los viveros representa un piso de vegetación de la isla y su ubicación justo en el lugar en el que se produce cada especie arbórea ayuda a aprender y a seguir entendiendo el proceso natural y milenario que fue gestando nuestro paisaje. En los Viveros Forestales se incluyen tanto los árboles y la flora endémicos como los no nativos, pero con un marcado arraigo en la isla. Igualmente, en el Jardín Canario se encuentra otro importante Vivero destinado a la conservación y reproducción de especies endémicas en peligro de extinción.

Cuando nos acercamos al Vivero de Tafira descubrimos sobre la marcha la entrega del personal encabezado por Juan García Medina. Allí nos cuentan cómo trabajan buscando todo el tiempo la simbiosis con la naturaleza, la gran sabia, la que a pesar de todos los castigos infligidos por los humanos sigue adelante embelleciendo todo lo que nos rodea. En los viveros trabajan con el corazón de cada semilla, que se recoge en el campo. Los semilleros de los viveros intentan recrear un suelo que, vivo en el máximo sentido de la palabra, sea capaz de imitar todos los procesos de simbiosis entre las plantas y los millones de pequeños pobladores que habitan bajo el horizonte cero y que viven entregados a estos intercambios desde hace millones de años

 No solo se busca la germinación de la semilla que termine convertida en un remedo o ejemplar del árbol que crecerá algún día en nuestros campos: las sabinas, los almácigos o los acebuches que apenas levantan un palmo en cada semillero serán, si media la suerte y el buen hacer de quienes los cuidan, los árboles que nos darán sombra y vida en los próximos años.

En el Vivero de Tafira nos recibe Iballa de Vicente, que es quien nos va explicando su funcionamiento y quien nos cuenta que se está trabajando de la manera más natural posible, tratando de que las raíces se asemejen al campo en el que se serán plantadas. Es un error pensar que estos Viveros solo generan el árbol: el proceso es mucho más ambicioso e incluye la fabricación de la raíz y la concepción del suelo como un ente vivo, de ahí el paso paulatino hacia lo orgánico que está avanzando poco a poco en Tafira. En todo momento, los responsables del Vivero nos hablan de la importancia de la parte oscura, de lo que no se ve y es determinante para que luego ese brinzal encuentre un ecosistema semejante al que ha conocido en el Vivero.

El cuidado, el riego, la observación y el trabajo es un proceso minucioso por el que se busca acercarse todo lo posible a la esencia, para que luego esa semilla que van haciendo germinar a lo largo de los meses se convierta en ese sueño incipiente que comienza cuando se planta definitivamente en el campo. La raíz, como nos explican en Tafira, se alimenta de la tierra y esta, a su vez, como en toda relación que genera vida, se alimenta de la propia raíz para seguir regenerándose y aportando nutrientes. En Tafira trabajan con las bacterias y con los hongos, con la red fúngica del suelo, y con materiales obtenidos del propio suelo en el que crece cada una de las especies arbóreas. En el día a día de todo lo que están haciendo ahora mismo tienen siempre en mente la filosofía del japonés Fukuoka, el padre de la agricultura natural que preconiza que el hombre debe buscar el mayor acercamiento al proceso natural y sabio de la propia naturaleza.

Desde el Vivero de Tafira se ha comenzado ese proceso de acercamiento cada vez más a lo orgánico, pero sin olvidar los métodos tradicionales y los avances en conocimiento de las especies nativas, que se han conseguido gracias al trabajo en equipo en los últimos decenios, para ir poco adaptando lo que vaya evolucionando correctamente.  Juan García Medina quiere destacar que como viverista se siente parte de un amplio equipo, el de trabajadores y trabajadoras del Servicio de Medio Ambiente que cuidan del medio natural de Gran Canaria, que es al final como cuidar de quienes habitan la isla.

Juan García recuerda que la misión de los viveristas es la de producir las plantas nativas y las especies agroforestales necesarias para llevar a cabo muchos de los cuidados mencionados anteriormente. Al mismo tiempo incide en que estas plantas sirven para reforestar nuestros montes, para restaurar el bosque cuando les afecta el fuego y también para recuperar especies en peligro, además de que establecen barreras verdes contra los incendios forestales y logran que se cumpla aquello de que toda persona debe plantar por lo menos un árbol en su vida.

“Pero no solo nos conformamos con producir los árboles y otras plantas necesarias -aclara Juan García- sino que queremos hacerlo del mejor modo, con las técnicas más avanzadas, y por eso siempre estamos en constante esfuerzo en la mejora de los cultivos. Actualmente -añade- trabajamos para adaptar nuestras técnicas de producción a criterios agroecológicos con el fin de situar nuestros procesos productivos en línea con la Agenda 2.030”

En Artenara, por ejemplo, se empeñan cada día en crear esquejes (trozo de rama, que se trata con hormonas de enraizamiento, para que saque raíces y hojas y “emule” a un árbol de semilla) de nogales, almendreros, castañeros, higueras, morales y, por supuesto, en trabajar con el llamado pino del norte. Allí te encuentras a Milagrosa Marrero y Carlos Morera cortando pacientemente los pequeños troncos que luego se plantan y se cuidan para que enraícen y generen hojas, que los conviertan en nuevos árboles. Todo ese trabajo que se lleva a cabo en los Viveros va destinado a la mejora paisajística de la isla. Se destina a repoblaciones y al uso ciudadano. No se cobra nada por lo que se ofrece, pero sí se hace un seguimiento -y se cuida el riego y su evolución- de esas especies que nacen de la semilla y que salen con sus raíces para emprender una aventura que puede durar muchísimos años.

Esa aventura, sin embargo, se puede ver afectada por los animales que atacan los semilleros o por los que se comen o destrozan las repoblaciones, sobre todo cabras y conejos, de ahí la importancia de una convivencia con los animales silvestres de la isla en donde la vegetación no sea siempre la que se lleve la peor parte ante los ojos impotentes de quienes han dedicado muchas horas en sacar adelante cada uno de esos esquejes. Algo parecido sucede cuando un incendio convierte en llamas ese mismo sueño.

En Osorio también saben desde hace años de la insistencia de la laurisilva, de su atavismo en la isla, de las umbrías condiciones necesarias para que ese bosque que antaño recorría Gran Canaria vuelva poco a poco a ganar su espacio, tal como se contemplaba con el proyecto Life Laurisilva XXI, que inició la realización de corredores de vegetación que pudieran conectar los últimos reductos de laurisilva del norte de la isla. En Osorio nos encontramos a José Antonio Naranjo pendiente de cada detalle de los semilleros en los que cuida lo que en el futuro se convertirá en un bosque de laurisilva en algún rincón de la isla.

La responsable del Vivero de Osorio, Isabel Reyes Perera, nos explica que producir árboles de laurisilva no es una tarea fácil y que se requiere mucho esfuerzo, “porque las plantas de este Vivero-manifiesta- son muy sensibles a los cambios de temperatura, enfermedades o alteraciones diversas”.

Isabel Reyes apela a la emotividad que siente como viverista y a cómo en veintiocho años que lleva trabajando ha ido superando muchas barreras para buscar la mejor manera de acercarse a la laurisilva, y en ese camino incluye los tipos de envases, los sustratos, los abonos o los sistemas de riego. En ese sentido recuerda que casi han tenido que hacer una labor de investigación buscando siempre los métodos más eficaces, “y hoy en día -dice con el orgullo por el trabajo bien hecho- siento mucha satisfacción, tanto emocional como laboral, sobre todo cuando comprobamos las exitosas repoblaciones que se han ido desarrollando en la isla a partir del trabajo en nuestros viveros”

Por su parte, la consejera de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria, Inés Jiménez, quiere destacar en todo momento la labor que desarrolla todo el personal que trabaja en los Viveros, “su compromiso, su constante evolución y su esfuerzo durante los últimos años para que la isla se haya ido recuperando de los incendios que hemos sufrido”. También resalta Inés Jiménez la mirada de futuro permanente de los viveristas, “sobre todo para actuar ante el cambio climático y su consecuencia en el medioambiente de Gran Canaria y en el propio suelo biológico de la isla”. 


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